Nota para Ashtanga Magazine

CADA AÑO SON MÁS LOS QUE SE AVENTURAN A INDIA PARA CONOCER A SHARATH. Este es el testimonio de un argentino en Mysore.

“Cuando conocí a Matthew Vollmer tuve la sensación de haber encontrado a mi maestro. Él es una fuente inagotable de inspiración y conocimiento y tal vez por eso nunca antes había considerado viajar a Mysore, a pesar de que él nos alentara siempre a hacerlo para tener la experiencia del Ashtanga desde “la fuente”. Pero a finales del año pasado, con mi sala ya en pleno funcionamiento, sentí la necesidad de viajar a la raíz de esta tradición para profundizar aquello a lo que me dedico día a día y poder seguir transmitiéndolo en contexto más pleno.

Fue así que en diciembre mandé la solicitud a India y un mes más tarde apareció en mi casilla un mail de parte del K. Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute, para presentarme el 1de marzo en la sala de Sharath Jois.

Mi experiencia en India fue verdaderamente enriquecedora. Poder estar en esa sala en donde esta tradición transforma a cientos de practicantes de todo el mundo, sentir la energía que se genera en presencia de Sharath, experimentar su amor por esta práctica, escuchar sus conferencias, conocer practicantes de todo el mundo unidos en su dedicación, búsqueda y devoción, sin importar el idioma, fue un regalo que nunca imaginé posible. En Mysore me encontré, a pesar de todos mis prejuicios, con una comunidad abierta y fraternal en la que me sentí muy cómodo. No importaba con quién practicara cada uno ni qué serie estuviera haciendo. La energía en Mysore es común a todos y nos iguala.

En un principio tenía muchas dudas de lo que iba hacer en Mysore. En mi shala enseño lo que Matthew fue transmitiéndome con precisión todos estos años y que a su vez, es lo que Pattabhi Jois supo transmitirle a él. Pero últimamente había escuchado que habían algunos cambios, que antes se hacía de una forma y ahora eso ya no va más.

Inicialmente el instituto de Pattabhi Jois se llamaba K. Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Research Institute (kpjayri). Era un centro de investigación en donde se estudiaba la práctica y por lo tanto, de acuerdo con las conclusiones a las que se llegaba, ésta cambiaba dinámicamente. Después de varios años, la palabra “research” se dejó de usar en el nombre y el Ashtanga se consolidó tal como lo había dejado Pattabhi Jois. La secuencia era una sola, cada movimiento correspondiente con una respiración y las vinyasas estaban establecidas. De ahí la polémica en el Ashtanga y al ser este un método tan formal, los Ashtanguis solemos ponernos un poco rígidos en el afán de seguir todo a rajatabla. Nuestro apego al ángulo del pie en tal o cual postura refleja nuestra necesidad de sentirnos seguros dentro de una estructura fija. Me lo imagino a Pattabhi Jois sonriendo, observándonos y esperando en su infinita paciencia que nos demos cuenta de que esto es parte del legado que nos dejó.

Ahí fui yo, a conocer a su nieto Sharath, a ver cuáles eran estos cambios. Tenía temor de no poder articular lo nuevo con lo viejo y esto me generaba una resistencia defensiva. Pero ya estaba decidido y no iba a echarme atrás. Emprendí el viaje, pasando primero por Berlín para visitar a Matthew y luego un largo viaje de Europa hasta India.

Cuando finalmente llegué me encontré con un caos difícil de codificar para un occidental. En mi primera interacción con Sharath, me pareció algo intolerante. Durante varios días me quedé con esta sensación de hostilidad; como si mi mundo o mis ideas fueran a caer si me abría a todo esto nuevo que sucedía a mi alrededor y que todavía no lograba entender.

En mi primera conferencia con Sharath, habló de Kriya Yoga, el yoga de la acción, Tapas (esfuerzo), Svadhyaya (auto-estudio) e Isvara Pranidhana (devoción). En nuestra práctica, Tapas habla del esfuerzo y la disciplina que aplicamos hacia la autorrealización, y también sobre el calor y la cocción que derriten las impurezas para llegar al estado de Yoga. Con el pasar de los días, en esa sala donde las prácticas derriten todo lo que encuentran en su camino, comencé a observar que la resistencia que sentía era un reflejo de mi miedo a salir de mi zona de confort. Los días fueron pasando y pude empezar a observar y a soltar mis durezas y prejuicios. A medida que fui relajando y adaptándome al lugar, mi mirada hacia Sharath comenzó a cambiar y empecé a disfrutar todo con más alegría. Fue increíble escuchar sus enseñanzas con el corazón abierto, sentir que nuestra tradición sigue viva, dinámica, adaptándose a nuestra propia transformación, y que esto no la invalida sino que la consolida. Sharath heredó de su abuelo y Gurú un legado para seguir transmitiéndolo. No debe ser fácil estar en su lugar, y tal vez por eso sea una persona con una fuerte personalidad. También tiene un gran sentido del humor y una fuerte convicción de lo que transmite y así llega a inspirar a cada practicante que lo visita año tras año.
Quiero volver. Pero la “magia de Mysore” cambió de sentido. Ya no me significa estar en un lugar exótico, ni recibir posturas nuevas, ni tener la última información. Visitar Mysore fué para mi un viaje hacia lo más profundo de mi práctica, y me sirvió para reivindicar que cada experiencia expande y completa este rompecabezas que vamos armando. La matriz de esta tradición está intacta y los cambios que la transforman la hacen orgánica y flexible, al igual que nosotros”.