En ashtanga, transpiramos mucho. Siguiendo el sistema de vinyasa, saltamos entre postura y postura y entre lado y lado. Eso genera un calor,  que se suma al calor que generamos con la respiración. Controlando la inhalación y la exhalación mientras practicamos, la hacemos larga y pareja, ventilamos nuestro fuego metabólico interno. 

Guruji decía que cuando creamos calor interno en nuestra práctica, se “hierve la sangre”. Cuando la sangre hierve se afina, permitiendo que circule más libremente por las articulaciones y limpie los órganos. 

Pero el calor que producimos en nuestra práctica nos afecta más que sólo en el cuerpo físico. En sánscrito, este tipo de calor se denomina tapas. Tapas es uno de los cinco Niyamas, o observancias del que aspire a ser Yogi. Además de calor, tapas también puede significar austeridad, auto-disciplina, y hasta sufrimiento. 

Cómo genera calor la auto-disciplina? Cuando intentamos hacer algo difícil, creamos una especie de fricción psicológica y social. Yendo a contrapelo, empujamos contra las fuerzas opuestas y los impulsos. Nos esforzamos contra nuestra propia entropía. Trabajar con esta oposición es tapas. 

La ficción se produce cuando empujamos contra las tendencias de nuestro “yo” pequeño, y trabajamos por algo que no nos resulta fácil. Hacer una práctica diaria, aún cuando estamos cansados y ocupados, especialmente cuando estamos cansados u ocupados, crea el tipo de calor que quema los humores pasajeros y el auto-engaño. Cuando practicamos a pesar de y a través de la dificultad, quemamos nuestro apego y nuestra identificación con el sufrimiento. Tapas ocurre cuando hacemos el trabajo. 

Guruji nos dijo que hay seis venenos que nublan nuestro corazón, o verdadero ser: kama, krodha, moja, lobha, matsarya, y mada. Son el deseo, la ira, la ilusión, la codicia, la envidia y la pereza. Estas son sensaciones o pensamientos que erróneamente incorporamos como parte de nuestra verdadera esencia. Cuando la práctica de yoga es realizada diligentemente y con dedicación, constantemente durante un largo periodo de tiempo, el calor generado por la práctica quema estos venenos, y la luz de nuestra naturaleza divina resplandece.

-David Robson